“Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. ”– Hechos 1:8

Los discípulos debían esperar. Dios tenía un regalo, el Espíritu Santo, quien les daría el poder para dar un buen testimonio. Diez días después ese Espíritu vino y miles oirían el evangelio en su propia lengua.

“Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:    —Hermanos, ¿qué debemos hacer? -Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo. En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar.”

Nosotros debemos dar testimonio de Jesús por el poder del Espíritu Santo. El Espíritu Santos ha sido dado a todos los creyentes (Tito 3:4-6) para regeneración y renovación.

El Espíritu nos capacita para entender las riquezas del amor de Dios y su misericorda y para transmitir con poder a otros ese entendimiento(Efesios 3:16-20). El Espíritu da claridad a nuestro testimonio.

El ministerio del Espíritu Santo presenta a través de nuestras vidas un testimonio del poder del amor de Dios y su misericordia.

  • No se como el Espíritu se mueve,
  • Convenciéndonos del pecado.
  • Revelando a Jesús a través de la Palabra,
  • Creando fe en El.

El Espíritu Santo provoca convicción de pecado a través de nuestro testimonio. El testimonio de mis palabras y obras son agrandados por el Espíritu. El Espíritu Santo convence al oyente de la compasión, amor y misericordia de Dios a través de nuestro testimonio. Estemos de acuerdo con el Espíritu de que nuestro testimonio transformará la comunidad a nuestro alrededor.