“A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.” – Romanos 1:21
Este verso es frecuentemente leído con otras personas en la mente. Pero míralo más de cerca. Pueda que se aplique a tí, especialmente la frase, “ni le dieron gracias.”
Primero que todo, este es un punto que puede cambiar el rumbo. ¿A qué lado te irás? Si te vas al lado del corazón agradecido te acercarás más al corazón de Dios. Sin embargo, si no haces nada o deliberadamente escoges la opción de ignorar a Dios, te encontrarás a ti mismo alejándote de Dios y tu pensamiento acerca de la realidad espiritual se convertirá borrosa y tu corazón de comenzará a endurecer.
Para la mayoría de nosotros, sin embargo, el problema no es optar deliberadamente por la opción de ser desagradecido. El problema es que no hacemos nada y permanecemos en silencio. Escucha nuestras escusas.
- “Estoy tan ocupado. Mi tiempo simplemente se escapa de mi.”
- “Yo simplemente no pienso en agradecer a Dios. Tengo tantas otras cosas en qué enfocarme”
- “Se que ser agradecido es una cosa buena de hacer, pero nunca recuerdo dar gracias.”
Se agradecido es dar gracias por el perdón, misericordia y amabilidad que Dios ha derrochado en ti a través de Jesús.
Se agradecido es optar deliberadamente por expresar tu agradecimiento a Dios ofreciendo tus razones por la cuales estás agradecido.
Se agradecido es regocijarte en tu corazón y compartir con otros por qué en el medio de las tormentas y pruebas que enfrentas puedes tener paz, gozo y esperanza.
“Abre, Señor, mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza.” – Salmo 51:15

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