“Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.” – Hebreos 12:1

Era solamente un pequeño insecto, pero su presencia en su hombro causó una reacción nuclear.  El nivel de decibelios, el saltar de arriba a abajo con una rapidez que intensificaba, todo esto era una reacción para hacer que la separaran inmediatamente del pequeño insecto lo más lejos posible. Todos los demás asuntos, cuidados, conversaciones fueron dejados de lado. Sólo una cosa importaba, que le quitaran el insecto.

Nuestro viaje de fe es representado aquí como una carrera. Al correr una competencia tan larga es muy fácil sentirse casual, cómodo y satisfecho. Nos podemos volver turistas espirituales enfocados en las experiencias del momento, las atracciónes del camino y olvidar así que estamos en una competencia con una línea final gloriosa por delante.

Hay tres pensamientos en esta frase que ayudarán a enfocarnos en esta carrera.

  1. Todos cargamos lastres en este viaje. Estos obstáculos deben ser identificados y puestos fuera del camino. Un corredor olímpico quita todo excepto lo más escencial para correr la carrera.
  2. Estos obstáculos que cargas contigo pueden ser cosas buenas. La opción entonces es entre lo que es bueno y lo que es mejor. ¿Qué es lo que más me ayudará en la carrera y qué es lo que me hará ir más lento? Ningún corredor de una maratón lleva una mochila con 20 de sus CDs favoritos, un gran sandwich, ½ galón de bebida energizante, y el periódico matutino para el tiempo de descanso. El no está en una carrera  ¡El está de turista!
  3. Si estás muy ocupado para estudiar la Biblia, orar o servir para bendecir a otros, entonces tu ocupación es un estorbo.

La meta es correr libre por la gracia de Dios para bendecir a otros, proclamar su bondad y gozarlo para siemptre.