Hechos 12:15-16

–¡Pedro está a la puerta! –exclamó.
–¡Estás loca! –le dijeron.

Ella insistía en que así era, pero los otros decían:

–Debe de ser su ángel.
Entre tanto, Pedro seguía llamando. Cuando abrieron la puerta y lo vieron, quedaron pasmados. Con la mano Pedro les hizo señas de que se callaran, y les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel.

Pedro estaba en prisión bajo fuerte seguridad después que Santiago había sido muerto. El rey Herodes tenía la intención de enjuiciar a los seguidores de Jesús. Había sangre en el aire y una creciente hostilidad. Los creyentes se habían reunido para orar e interceder por Pedro. Dios envió un angel para liberar a Pedro de una manera imposible -Las cadenas se cayeron- la puerta de hierro se abrió y Pedro se marchó frente a dieciseis guardias.

Otra parte asombrosa de la historia es la incredulidad de los creyentes. Cuando Pedro toca la puerta de la reunión de oración nadia creía que podría ser él. ¿Cuan frecuentemente oramos debido a que nuestras necesidades son sobrecogedoras? No hay alternativas viables. El enfoque de nuestras oraciones, sin embargo, está en nuestras necesidades imposibles y no en el Señor que libera. Fe en la oración viene cuando miramos a Dios y no a lo imposible. Dios ve más claramente que nosotros el desastre que enfrentamos.

Cuando Pedro describe lo que ha pasado su énfasis no es en la condición milagrosamente imposible, sino simplemente en que “El Señor lo sacó.”

Si creemos que el Señor está con nosotros en nuestro viaje de fe, ¿Debieramos sorprendernos de los desbordantes actos de misericordia y gracia como resultado de su amor eterno hacia aquellos que creen?